La Red Ciudadana SARE, en el inicio de esta pandemia, señaló su preocupación por los problemas que derivados del Covid-19 podían producirse en el interior de las prisiones.
Hacíamos mención entonces a las recomendaciones que diferentes instituciones europeas estaban trasladando a los gobiernos y a los estados, pidiendo la excarcelación de aquellos presos y presas con edades avanzadas, enfermedades graves o que ya han cumplido una parte importante de sus condenas. Se consideraba que las prisiones no eran el lugar más adecuado para poder enfrentarse a una pandemia de estas características.
Pues bien, al Gobierno español y a su Justicia, de nada le ha servido que Naciones Unidas o el Consejo de Europa hayan instado a tomar medidas ni que países como Reino Unido o Catalunya hayan decidido poner en libertad a un número importante de personas presas, para que puedan cumplir el confinamiento en sus casas.
A pesar de la opacidad que el Gobierno español mantiene sobre lo que está pasando en las prisiones, estamos en condiciones de denunciar que el virus ha entrado con fuerza en ellas, y que prisiones como Picassent, Brieva, Córdoba o Estremera, donde hay un numero importante de presos y presas vascos, se encuentran conviviendo con el Covid 19.
Hoy la población reclusa en general se encuentra totalmente aislada del mundo exterior, sin comunicaciones ordinarias ni extraordinarias. Pero los presos y presas vascos lo viven más duramente desde la imposibilidad de hacer uso de las videollamadas a sus familiares, añadiendo una angustia mutua sobre su estado de salud.
Es aún más impactante para los más de 100 niños y niñas “de la motxila”, cuyos padres o madres, o ambos, se encuentran encarcelados a cientos de kilómetros de sus casas. Si en circunstancias normales les supone un gran sacrificio recorrer tan largas distancias, pero la satisfacción de reconocerse, hoy el corte de las comunicaciones presenciales o el impedimento de utilizar las videoconferencias les deja huérfanos temporalmente. Es una inútil crueldad y un doble confinamiento mutuo.
Tienen que acabarse estas legislaciones de excepción que convierten a estas personas presas en objeto de venganza.
Pero a pesar de esta situación, desde SARE queremos mirar el futuro próximo con esperanza. Cuando oímos expresiones en los medios de comunicación, referidas al Covid 19, como “!Saldremos de ésta!”, queremos compartirla pero ¡ojalá¡ lo hagamos, además, con la actitud de construir solidaridad y convivencia.
Se trata de comprometernos a trabajar en el objetivo de exigir el fin de la política de alejamiento, que posibilita, entre otras cosas, que un número relevante de niños y niñas, sigan recorriendo mañana miles de kilómetros para poder abrazar a su familia durante unos minutos.
Ante esta situación, exigimos una vez más la puesta en libertad de los presos gravemente enfermos y de quienes cuentan con edades avanzadas, así como de aquellos que han cumplido ya, desde hace tiempo, las ¾ partes de condena.
