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Santiago Alba, La cárcel y el aeropuerto: los derechos de los presos

 

santiago-albaSantiago Alba Rico | 2015/01/04 |

Se olvida a menudo que la función del Derecho no es la de impedir el delito; tampoco la de castigarlo. De lo primero se ocupa la policía; de lo segundo los jueces a partir del código penal. La función del Derecho es la de proteger la “condición humana” de todos los ciudadanos, también o sobre todo la “condición humana” de los que cometen o son sospechosos de haber cometido un delito. Por eso la función del Derecho es más bien la de impedir que la policía, cuya misión es impedir los delitos, y el código penal y los jueces, que deben castigarlos, se regulen por prácticas o leyes incompatibles con la incondicional condición humana de todos los ciudadanos El Derecho no vigila a los ciudadanos, ni siquiera a los “malos”; vigila a la policía y a los jueces; es decir, vigila las leyes y, por eso mismo, a los que las hacen o las aplican.



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La cárcel y el aeropuerto: los derechos de los presos

 

santiago-albaSantiago Alba Rico | 2015/01/04 |

Se olvida a menudo que la función del Derecho no es la de impedir el delito; tampoco la de castigarlo. De lo primero se ocupa la policía; de lo segundo los jueces a partir del código penal. La función del Derecho es la de proteger la “condición humana” de todos los ciudadanos, también o sobre todo la “condición humana” de los que cometen o son sospechosos de haber cometido un delito. Por eso la función del Derecho es más bien la de impedir que la policía, cuya misión es impedir los delitos, y el código penal y los jueces, que deben castigarlos, se regulen por prácticas o leyes incompatibles con la incondicional condición humana de todos los ciudadanos El Derecho no vigila a los ciudadanos, ni siquiera a los “malos”; vigila a la policía y a los jueces; es decir, vigila las leyes y, por eso mismo, a los que las hacen o las aplican.



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Acabar con la dispersión. Una cuestión de derechos humanos

Entrevista a Teresa Toda en el periódico estatal El Diagonal.

Más de tres años después del cese definitivo de la actividad armada de ETA y de toda una serie de pasos dados para aportar al proceso, son más de 470 las presas y presos políticos vascos que continúan sufriendo la obcecación del Gobierno de Mariano Rajoy en mantener e incluso profundizar la política de dispersión de este colectivo.

Dispersión: un castigo añadido a las ya de por sí duras condenas, que se complementa además con la rígida aplicación de una legislación modificada exprofeso. Dispersión: un castigo y una enorme carga infligidos a las y los familiares de esas personas presas, a miles de personas, así como a su entorno de amistades. Dispersión: un cruel distanciamiento, intencionado y planificado desde hace 25 años, bajo el cual se vulneran diariamente derechos humanos y jurídicos de presas y presos vascos y sus familiares. Hay que ponerle fin ya.

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